¿QUÉ ES?

Simplemente, el agua es vida. Toda la vida depende del agua. El agua constituye un 70% de nuestro peso corporal. Se necesita agua para respirar, para lubricar los ojos, para desintoxicar nuestros cuerpos, para mantener constante la temperatura del cuerpo. Por eso, aunque un ser humano puede vivir por más de dos semanas sin comida, puede sobrevivir solamente tres o cuatro días sin tomar agua.

El agua cubre casi un 80% de la superficie de la Tierra. Aunque pareciera un recurso muy abundante, es importante destacar que menos del 1% de ésta es agua dulce, apta para usos domésticos, industriales o comerciales y turísticos. A su vez, el agua salada es el medio que sustenta importantes cadenas alimenticias claves para la alimentación mundial y sustenta la flora microscópica que es responsable de la producción de más de un 60% del oxígeno de la Tierra.

¿Sabía usted que actualmente hay en la Tierra la misma cantidad de agua que existía hace 3.800 millones de años atrás, cuando se estima que se formé el agua del planeta? Esto se debe al hecho de que en el ciclo hidrológico continuamente se utiliza la misma agua, la cual se encuentra en diferentes formas, según dónde esté ubicada en el ciclo: ríos, lagos, mares, nubes, lluvia, nieve, agua subterránea o retenida en árboles y poblaciones humanas. Debido a que el agua está constantemente reciclándose a través del ciclo hidrológico es que se la considera un recurso renovable .

 

La particular estructura química de una molécula de agua, determina que ésta presente varias propiedades únicas que la hacen ser un compuesto fundamental que posibilita y facilita la vida. Primeramente, el agua es una molécula que se forma por dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno. La forma en que las moléculas se unen entre sí determina si el agua va a manifestarse en la naturaleza como un sólido (hielo y nieve), un líquido (agua) o un gas (vapor y nubes). El agua es uno de los únicos compuestos que se encuentra naturalmente en el medio ambiente en estos tres estados físicos.

 

Los átomos asumen una conformación específica, la que da al agua algunas propiedades especiales, esenciales para la vida:

1. Las moléculas de agua se atraen mediante una propiedad llamada "cohesión", por lo cual es un fluido.

2. Por su estructura física, el agua es capaz de disolver una gran cantidad de elementos, tales como CI=Cloro, Na+=Sodio, Mg+=Magnesio. También disuelve compuestos, incluyendo azúcares, alcoholes y sales. Además, gases como oxígeno (O2), cloro (CI2) y dióxido de carbono (CO2). Los aceites son una excepción importante. Cabe señalar que si el agua no pudiera mantener disueltos los gases O2 y CO2 no sucedería ni la respiración ni la fotosíntesis de la flora y fauna que vive en el mar y en cuerpos de agua dulce.

3. En su forma sólida, el agua como hielo es menos densa que en su forma líquida, es decir, el hielo flota en el agua. Esta propiedad es única y permite, por ejemplo, que en el invierno la fauna acuática de un lago pueda sobrevivir, aunque se congele la superficie del lago.

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Es conveniente examinar con más detalle el aspecto subterráneo del ciclo, porque frecuentemente no es bien entendido. En condiciones normales, el agua superficial se infiltra y llena los poros que hay en el suelo y rocas de la corteza terrestre. Al área bajo tierra en la que todos los espacios entre las rocas y arenas están llenos de agua, se la conoce como zona de saturación; y al agua que está en estos poros se la denomina agua subterránea o freática . Parte del agua subterránea descarga finalmente en una vertiente, al fondo de un estero, río o lago, desde donde puede abastecer a los seres humanos. Otra parte puede llegar a una cuenca subterránea cerrada, donde la formación geológica no permite la salida, formando grandes depósitos subterráneos de agua dulce conocidos como acuíferos. El proceso de rellenar un acuífero con las precipitaciones naturales es lento porque el agua subterránea se mueve muy despacio por los huecos que hay entre las rocas.

Aguas subterráneas a poca profundidad pueden estar bajo tierra sólo por unas pocas horas, cuando recién han caído, mientras que a una profundidad moderada el agua subterránea puede estar cientos de años y a profundidades extremas, más de mil años. La infiltración natural del agua subterránea hace que generalmente ésta sea menos vulnerable que el agua superficial a la contaminación bacteriana, porque el suelo y la roca por los cuales ha pasado filtran muchas de las bacterias presentes en ella. Sin embargo, puede ser contaminada con bacterias y con una variedad de componentes tóxicos por contacto directo con pozos negros, aguas servidas y desechos industriales.

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