2. Oportunidades para la educación ambiental

Sin duda que el tema ambiental es hoy día una preocupación fundamental de la sociedad. El concepto de "desarrollo sustentable" ha pasa­do a ser un término de uso cada vez más popu­lar y difundido, esencial para fundamentar y ex­plicar planes, proyectos y programas de desa­rrollo. Ello es una indicación del interés y pre­ocupación social por la salud y bienestar de nues­tro hogar, el planeta Tierra.

Por otra parte, a medida que se han ido redu­ciendo los espacios naturales y la belle­za que en ellos se encuentra, su valor ha pasado a ser cada vez mayor. No solamente por la belleza y gozo espiritual que nos brinda su contemplación, sino también porque día a día se com­prende mejor la inmensidad de su valor ecológico.

La creciente sensibilidad y comprensión de las amenazas a los sistemas de producción na­tural del planeta brindan una gran oportunidad para la educación ambiental. Existe, hoy en día un gran número de maestros, que sin tener títu­los académicos de educadores ambientales, po­seen la motivación y la preocupación por el futu­ro de la sociedad y la salud del planeta. Ellos han comenzado a ocupar los espacios que ofre­ce el sistema educativo para desarrollar una no­ble labor de formación ética ambiental de sus alumnos.

Otra enorme oportunidad se ha abierto en los últimos años a partir de la dictación de leyes y reglamentos que, siendo perfectibles, han per­mitido iniciar la organización de un sistema de ordenamiento y de protección de los recursos naturales. Es así como el 9 de marzo de 1994 se publica en el Diario Oficial la Ley General de Bases del Medio Ambiente Nº19.300, cuyo pri­mer artículo establece el derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación. A partir de la existencia de esta Ley y de lo establecido en el Título II de ella, se inicia en el país el orde­namiento y desarrollo de la gama de instrumen­tos de gestión ambiental especificados: la edu­cación y la investigación; el Sistema de Evalua­ción de Impacto Ambiental; la participación de la comunidad; las normas de calidad ambiental y de preservación de la naturaleza; las normas de emisión; los planes de manejo, prevención y des­contaminación; y los procedimientos de reclamo.

En la misma Ley se establece, además, la existencia legal de un servicio público descen­tralizado, la Comisión Nacional del Medio Am­biente (CONAMA), cuyos órganos son el Consejo Directivo, la Dirección Ejecutiva, el Consejo Con­sultivo, y las Comisiones Regionales del Medio Ambiente (COREMA).
Durante los años 90 el Ministerio de Educación comenzó a impulsar una profunda reforma educativa, destinada a mejorar la calidad de la enseñanza. Para ello se ha apoyado en cuatro pilares básicos: programas de mejoramiento e innovación, reforma curricular, fortalecimiento de la profesión docente y extensión de la jornada escolar. Estos cuatro aspectos ofrecen oportunidades importantes para la educación ambiental. Ello, se ha facilitado, además, con la dictación de normas legales tales como la Ley 18.962, Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza y el Decreto 40, publicado en el Diario Oficial el 24 de marzo de 1996, donde se establecen los Objetivos Fundamentales y los Contenidos Mínimos Obligatorios de la Educación General Básica. En el mismo decreto 40 en la Introducción, en el punto 1.2 se destaca la introducción del Principio de autonomía curricular, orientada hacia el mejoramiento de la calidad de la enseñanza y  los procedimientos de elaboración de los planes y programas de estudio. Allí se indica:

"La introducción en la educación nacio­nal del principio de la autonomía curricular se orienta hacia un mejoramiento sustan­tivo de la calidad de la enseñanza y de los procedimientos de elaboración de planes y programas de estudio. La aplicación de este principio supone, por una parte, res­petarlos elementos que son comunes o ca­racterísticos de la cultura nacional y la plu­ralidad de opciones de vida que se expre­san en nuestra sociedad y, por otra parte, abrir la oportunidad a cada establecimien­to educacional para impartir una enseñan­za que sea más significativa para el estu­diante en lo personal y de una mayor rele­vancia y pertinencia social y cultural".

Se desprende de esta lectura que cada establecimiento tiene la oportunidad de modificar sus planes y programas de estudio para reflejar la realidad ambiental, socioeconómica y cultural local. Sé ofrece así la libertad y se entrega la responsabilidad de adaptar los contenidos curriculares, utilizando, por ejemplo, el estudio de las controversias ambientales locales para el logro de los OF-CMO. Por otra parte, en el punto 1.4 de la misma introducción, se destaca que la actualización curricular de los OF-CMO da prioridad a dos pro­pósitos: el desarrollo personal pleno, y el desa­rrollo equitativo, sustentable y eficiente del país.

Esta descentralización curricular, la autono­mía estimulada y las prioridades establecidas, ofrecen una combinación de oportunidades que pueden y deben ser aprovechadas por las uni­dades educativas, por ejemplo, para elaborar pla­nes y programas educativos propios, con la edu­cación ambiental como enfoque central de su currículum. La educación ambiental también pue­de ser el enfoque central de los Programas de Mejoramiento Educativo (PME).
Por lo tanto, con la propuesta OF-CMO se abren los espacios necesarios que permiten la integración de la educación ambiental a la Edu­cación General Básica, se establece la flexibili­dad de los contenidos y se entrega la responsa­bilidad de elaborar un currículum pertinente a los docentes de cada unidad educativa. Con ello se elimina todo obstáculo derivado de los progra­mas educativos vigentes, y la incorporación de la educación ambiental puede ser una realidad en la Educación General Básica.
Otra oportunidad para la educación ambien­tal se encuentra en la organización de la matriz curricular básica, en la cual se establece la exis­tencia de horas de libre disposición, las cuales podrían ser usadas para establecer programas educativos innovadores basados en el estudio del medio ambiente local para el desarrollo de la persona al mismo tiempo que se cumple con los OF-CMO.
También en los OF-CMO se establece como un Objetivo Fundamental Transversal (OFT) del programa educativo la formación de conductas de protección del medio ambiente. Existen en los OFT elementos interesantes de destacar, ya que son aspectos prioritarios planteados en el De­creto 40 y que son igualmente principios recto­res de una educación ambiental.
En efecto, un primer aspecto educativo que se destaca en los OFT en cuanto a la formación ética es la autorregulación de la conducta. Ello es también un objetivo de la educación ambien­tal, sólo que enfocado específicamente al auto­control requerido para resistir la tendencia al des­pilfarro, para no confundir los deseos con las ne­cesidades y para reducir el consumo innecesa­rio. Esto también significa ser capaz de controlar los deseos y posponer la satisfacción inmediata de ellos en pos de un bien mayor de más largo plazo. Y otras veces, significará dar mayor im­portancia al bien común que a los caprichos in­dividuales o la comodidad personal.
En relación con el crecimiento y la autoafir­mación, en los OFT del Decreto 40 se busca desarrollar el pensamiento reflexivo y el sentido de crítica y autocrítica; promover el interés y la capacidad de conocer la realidad; desarrollar la habilidad de expresar y comunicar ideas, opinio­nes y sentimientos; y desarrollar la capacidad de resolver problemas. Todos éstos son objetivos que se sobreponen con los de la educación am­biental, por cuanto pueden ser logrados a través del conocimiento de la realidad ambiental local, de los problemas y conflictos ambientales loca­les y del desarrollo de las capacidades y habilidades para prevenirlos y resolverlos.
En los OFT del Decreto 40 también se busca establecer capacidades para participar respon­sablemente en las actividades de la comunidad y para ejercer los derechos y deberes que reconoce la vida social; para proteger el entorno na­tural; desarrollar la iniciativa personal, el trabajo en equipo y el espíritu emprendedor. Estas capacidades son también objetivos prioritarios de la educación ambiental, por cuanto ésta enfatiza la responsabilidad de cada individuo como agente de cambio en su entorno cercano.
Es igualmente importante destacar que, en el punto 2.5 del Decreto 40, las orientaciones ge­nerales del proceso enseñanza-aprendizaje in­dican que el proyecto educativo de cada unidad debe considerar en forma explícita los OFT, pu­diendo dar más relevancia a algunos que a otros.
En el Ministerio de Educa­ción existe la Unidad de Apoyo a la Trasnversalidad, la que impulsa y estimula la implementación de pro­gramas de prevención y consumo de drogas, formación ciudadana, convivencia escolar, educación sexual, seguridad escolar y educación ambiental. En este último las principales actividades que desarrolla es el Sistema Nacional de Certificación Ambiental (SNCAE) y talleres de capacitación sobre aprendizajes relacionados con el medio ambiente.
Finalmente, cabe destacar la existencia de iniciativas privadas que buscan desarrollar y for­talecer la educación ambiental en Chile. Organi­zaciones no gubernamentales, como Tekhne, Corporación Canelo de Nos y el Instituto de Ecología Política y Fundación Casa de la Paz que han acumula­do experiencias, desarrollado metodologías y material didáctico que puede ser consultado y usado para establecer programas propios de educación ambiental en las escuelas.
En resumen, se puede decir que hoy en día se cuenta en Chile con un número mayor de pro­fesionales de la educación motivados y preocu­pados por el deterioro ambiental del país; con leyes e instrumentos de gestión ambiental esta­blecidos; con instituciones encargadas de la pro­tección del medio ambiente; con una reforma educativa que ha flexibilizado y descentralizado el currículum escolar de Educación General Bá­sica y Educación Media; y que existen experien­cias y materiales para la integración de la edu­cación ambiental al currículum escolar.
En este contexto, los educadores tienen en su poder el cambio. Un cambio profundo que debe afectar los fundamentos mismos de la so­ciedad, para producir una nueva cultura, basada en el reconocimiento de los límites de los ecosis­temas y en el respeto al derecho común de vivir en un medio libre de contaminación.

 

 

 

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