3. Los desafíos de la educación ambiental
Existiendo actualmente una serie de oportunidades para la educación ambiental, también existen algunos desafíos que deben ser reconocidos para desarrollar programas, establecer alternativas y hacer uso de las oportunidades que existen.
La educación ambiental busca un cambio cultural, que debe comenzar por establecer, el sentimiento de ser parte de la naturaleza. Sin embargo, es más frecuente que se tenga una percepción utilitaria de la naturaleza y de sus recursos y que se ignoren los límites naturales del crecimiento de las poblaciones y del uso de los recursos. Y que no se sienta ninguna conexión entre la conducta personal y los problemas ambientales.

Al respecto, es importante darse cuenta que muchos de los aspectos mencionados, por ser parte de la cultura, son inconscientes y, por lo tanto, de difícil modificación. Es sabido que el cambio cultural es un proceso lento, que requiere de un trabajo planificado, sistemático y prolongado en el tiempo, de todos los actores del proceso educativo: la familia y el conjunto de la comunidad escolar. El cambio cultural no lo pueden lograr uno o dos maestros por escuela, trabajando aisladamente de sus colegas, sin la colaboración de las autoridades educacionales, haciendo actividades esporádicas y temporales. Esto apunta a la necesidad de formar equipos de trabajo permanente, cuya misión sea organizar y planificar la implementación de programas de educación ambiental para todas las escuelas, liceos y universidades del país.
Un segundo desafío para la educación ambiental se encuentra en el reconocimiento que los problemas ambientales deberán ser enfrentados no sólo a través de la aplicación de leyes y normas, procesos administrativos o tecnológicos, sino que es indispensable contar con maestros que estén motivados y se sientan capaces de liderar un proceso educativo que se oriente al cambio de valores, concepciones y actitudes sobre la relación de los seres humanos con el medio ambiente.
Esto apunta, por ejemplo, a la necesidad de establecer programas sistemáticos de perfeccionamiento docente, donde los maestros se motiven por la educación ambiental, donde observen y practiquen las estrategias pedagógicas conducentes a desarrollar la sensibilidad y sentimientos de pertenencia a lo natural, donde conozcan y practiquen estrategias apropiadas para aclarar valores y fortalecer el desarrollo moral individual, donde conozcan los problemas ambientales locales, y donde establezcan contactos y desarrollen redes de apoyo para colaborar mutuamente en esta tarea.
Esto también significa la reorientación del trabajo escolar desde su forma actual, predominantemente lectiva, para centrar el trabajo pedagógico en el aprendizaje más que en la enseñanza. Ello exige desarrollar estrategias pedagógicas adaptadas a los distintos estilos de aprendizaje, el uso de actividades de exploración, la búsqueda de información y trabajo individual y de colaboración en equipos.
Un tercer desafío se encuentra en la enorme cantidad de información acumulada por las distintas ramas de las ciencias y las humanidades, todas relacionadas con el medio ambiente, que hacen imposible para un generalista, como es un educador, profundizar y ser experto en un número de ellas. Esto es un desafío, porque significa en cierta medida ceder autoridad frente a los alumnos, quienes esperan encontrar todas las respuestas en su maestro. A medida que aumenta la cantidad de información disponible y aparecen temas nuevos, se hace cada vez más importante que tanto el profesor corno el alumno sepan dónde buscar la información ambiental y que, luego de encontrarla, puedan organizarla y usarla aplicada a su realidad.
Así, cada maestro debe aceptar que no necesita ser experto en ningún ámbito específico de los conocimientos tradicionales para poder ser un buen educador ambiental. Este desafío se traduce, en parte, en ser capaces de construir una red de fuentes de información sobre diversos temas en la región y en el país así como promover el trabajo interdisciplinario. Para ser efectivo en su rol de educador ambiental, el maestro deberá, involucrar a nuevos actores en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Estos actores alternativos serán aquéllos relacionados con los conocimientos y los problemas ambientales reales de la comuna. Pueden ser funcionarios municipales, del hospital o la posta, quizás un agricultor, un ingeniero, un abogado, un planificador o un autodidacta amante de la naturaleza.
También significa que es necesario tener bibliotecas o sistemas computacionales donde se encuentre información sobre la realidad ambiental local, regional y nacional, con vocabulario adecuado a los niveles intelectuales de los alumnos de los distintos niveles, escolares.
Un cuarto desafío se presenta al considerar la escasa o nula posibilidad que las generaciones actuales tienen de experimentar vivencias y contacto con la naturaleza. Actualmente más del 80% de la población chilena vive en ambientes urbanos y carece de experiencias de contacto con ambientes naturales prístinos. El sistema educativo está seriamente limitado en su capacidad de ofrecer esta experiencia, tanto por el costo que ello implica, como por la rigidez administrativa del sistema educativo público, que dificulta sacar a los alumnos en visitas que los hagan abandonar el recinto escolar. En la práctica esto significa que en la mayoría de las escuelas no existen programas regulares destinados a visitar sitios naturales.
Esto es un problema serio, ya que ello es la primera etapa de todo programa de Educación Ambiental, puesto que permite la vivencia personal del contacto con la naturaleza y da la oportunidad de desarrollar sentimientos de amor y de pertenencia. Además, no basta con hacer una salida a un parque una vez al año. Las visitas y estudios en contacto directo con la naturaleza deben repetirse para que el alumno se sienta cómodo y a gusto durmiendo en una carpa o bajo un árbol. Sin miedo a los "bichos", a la oscuridad y a los sapos. Que se sienta tan a gusto, que establezca una relación de amor y cariño hacia toda la naturaleza. No es posible amarla sin conocerla. Finalmente, vale la pena mencionar que también constituye una dificultad para la educación ambiental la escasez de material didáctico pertinente, que ilustre la realidad de cada región. Cada país, cada región y cada comuna tienen situaciones ambientales diferentes, por lo tanto, no es posible dar una receta y repetirla a lo largo del país. Sin embargo, existen metodologías apropiadas para el desarrollo de una pedagogía participativa, pertinente y centrada en el aprendizaje. El uso de juegos, debates, dramatizaciones y teatro, investigaciones de la realidad social, ecológica o cultural, el trabajo colaborativo de grupos, las observaciones y mediciones de la realidad ambiental local y las simulaciones son todas metodologías efectivas. El desafío para los maestros se encuentra en tener el tiempo, la, motivación y la capacidad, las habilidades y los conocimientos para poder seleccionar las metodologías y adaptar los contenidos a la realidad local y regional. Es tarea del maestro ser creativo y descubrir maneras de entusiasmar a sus alumnos y de hacerles relevante el currículum.
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